El P. Mendizábal, a quien esperamos poder alabar en los altares pronto, ha sido un apóstol reciente de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. En sus múltiples obras, ha escrito sobre ella, y una de las más importantes es esta. No queremos dejar de recomendaros la página: https://www.padremendizabal.com

Aquí te presentamos un resumen muy sintético del libro.

Prólogo

Presentar en un tono psicológico, vital, el contenido de la devoción al Sagrado Corazón, determinado en los documentos pontificios (Encíclica Haurietis Aquas de Pío XII), para mostrar los valores reales que existen en ella.

C.1. Introducción

¿Hay una crisis de vida religiosa en el mundo?

El materialismo hunde a la humanidad. La santidad es una tarea enteramente personal, un cuerpo a cuerpo entre Jesucristo y cada católico, en la Iglesia, nuestra “Madre”. Cuanto más progresamos en la vida de perfección, mas dependemos de nuestros principios, Cristo y la Iglesia.

El Corazón mismo de la Iglesia es Cristo.

La vida sobrenatural es una realidad en nosotros solo desde el momento en que Jesucristo vive en nosotros. Esta vida es la Gracia.

Unidos al Corazón de Cristo, penetramos con toda verdad en el trato íntimo y familiar con su persona.

Es necesario que desarrollemos cada vez más nuestra unión con Jesucristo hasta la mayor intimidad posible. Y si esto sucediese en cada católico, todos alcanzarían una más estrecha unión entre ellos, en el mismo Jesucristo. Gal 3,28.

Por esto tiene pleno sentido difundir la devoción al Sagrado Corazón.

 

C.2. Algunas ideas equivocadas y consecuencias

A priori no nos gusta. Veamos porqué

  1. El hecho de la oposición

Malas experiencias al expresar pensamientos puros con palabras: Muchos lo asocian con beaterías.

  1. Las Causas

Matices personales de los santos que han promocionado la devoción pueden chirriar.

 

C.3. La verdadera devoción

Es una concepción de la vida:

  • Nuevas posibilidades.
  • Una nueva forma de vivir que cambie nuestra forma de ver el mundo.

 

  1. Concepción inmanente del mundo

El mundo está de tal manera prisionero de los pequeños intereses de la vida material, que ni siquiera tiene tiempo de pensar en Dios y de ocuparse de la vida sobrenatural.

Vemos sólo con ojos humanos (mundanos).

 

  1. La revelación del Corazón de Cristo para mí

La devoción al Corazón de Cristo es un resplandor que ilumina y nos muestra el profundo significado de las cosas. Le da profundidad a nuestra vida y a nuestras relaciones y significado a nuestras acciones.

Tenemos que pedir la íntima convicción de esta profunda realidad.

 

  1. Puntos fundamentales de la devoción al Corazón de Jesús

Dos principios de los que se deriva una norma de acción encerrada en los conceptos de Consagración y de Reparación en unión al sacrificio de Cristo:

  • Cristo me ama ahora: Dar a Cristo el puesto que le corresponde en el mundo y en nuestra vida. El catolicismo consiste precisamente no sólo en evitar el pecado, sino en un diálogo continuo con una persona viva.
    • Actitud de humilde atención a Cristo que nos habla constantemente, ya sea directa o indirectamente por medio de sus representantes.
    • Jesús, hoy y ahora, piensa continuamente en nosotros, en mí.
    • Jesucristo en cada momento escoge y envi3a las gracias que cada uno de nosotros recibe.
  • Jesucristo goza y sufre ahora.
    • Nuestras acciones son o un gozo o una verdadera herida para el Corazón de Cristo: Toda buena intención le proporciona un placer, y nuestros pecados son, con todo, objeto de su íntima compasión: es una verdadera herida, y, por eso, causa de sufrimiento para su Cuerpo Místico.

 

  1. Nuestra respuesta a estos principios

El motivo de nuestras acciones es dar una respuesta positiva a Jesucristo.

 

  1. Consagración y Reparación
  • Consagración:
    • Pertenecemos y nos ofrecemos al Señor.
  • Reparación:
    • Evitar el pecado que puede ofenderle.
    • Consolar y expiar.
    • Amar a Cristo y servirle para compensar el olvido.

Por nuestra unión con Cristo, Él vive en nosotros y nosotros somos sus imágenes en el mundo, el testimonio de su presencia en la Iglesia.

Nuestra transformación en Jesucristo debe reflejarse en nuestras acciones exteriores.

Nuestra vida debe ser una revelación visible que indique a los hombres el valor de las cosas y del mundo entero.

Morir a nosotros mismos para que Cristo viva en nosotros.

 

C.4. Jesucristo me ama ahora

Tener conocimiento intelectual de Cristo es fácil, lo difícil es comprender, admirar y amarle. Comprender que este Hombre Dios es mi amigo.

  1. Jesucristo me amó en su vida mortal

Nos ha visto con todos nuestros pensamientos. En verdad nos tenía ante sí cuando orando, dijo: No ruego solamente por ellos, sino por todos aquellos que por su palabra creerán en mí. Jn 17,20.

  1. Jesús me ama ahora

El fin de los Sacramentos y de la Iglesia es comunicarnos y desarrollar en nosotros la vida de la gracia, nuestra unión con Jesucristo. Como estamos hechos a imagen y semejanza de Jesús, como Él nos tenemos que comportar.

No sólo somos semejantes a Cristo, sino que Cristo es nuestra vida.

  • Col 3,4: Jesucristo es nuestra vida.
  • 2 Cor. 13,5: No reconocéis que Jesucristo está en vosotros mismos?
  • Jn 15,5: Sin Mí nada podéis hacer.
  • Gal 2,20: Ya no soy yo el que vivo, es Cristo quien vive en mí.
  • Col 3,3: Porque vosotros estáis muertos y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.
  • 2 Cor. 6,16: Vosotros sois templos del Dios vivo.

El cuerpo de un cristiano se diferencia del de un pagano, de modo análogo a como una Hostia consagrada difiere de una no consagrada.

Para conservar y aumentar esta unión y semejanza con El, Jesucristo nos da el alimento de su Cuerpo y de su Sangre.

Jn. 6,58: Como el Padre vivo me envió, y yo vivo por el Padre, así quien come de Mí vivirá por Mí.

Jesucristo realiza conscientemente su unión con cada hombre en gracia de Dios. Su naturaleza humana experimenta el gozo y la emoción de una nueva amistad.

 

  1. Todo nos viene del Amor de Jesús

Dios quiere las circunstancias en las que se mueve nuestra vida para nuestra santificación, son la ayuda para obtener las gracias que nos mereció Jesucristo y provienen del amor personal de Cristo por nosotros.

Sólo nos da lo que es mejor para nosotros, junto con la gracia para vivirlo. En las buenas y en las malas, está con nosotros por Amor. La delicadeza del Amor de Cristo nunca se aleja de nosotros. Las distribuye en cada momento con plena conciencia, y nos reclama amorosamente que vivamos para El. Sus dones son su presencia en nosotros y una participación de sus perfecciones.

Veánte mis ojos, dulce Jesús bueno… Tu sólo eres Luz.

 

  1. Jesús me ama tal y como soy ahora

Somos el resultado de toda nuestra vida: Pasado presente, cualidades y defectos, de nuestro carácter y de nuestras infidelidades. Jesús no ama nuestro YO idea, El sabe lo que hay en cada hombre. Jn. 2,25. Jesús conoce a sus ovejas. Jn. 10,28.

NO debemos turbarnos ni preocuparnos por nuestros pecados. Nos ama como somos. Si debemos detestarlos y preferir la muerte antes de volver a cometerlos.

La mayor prueba del amor es confiar en El. Estarle agradecido porque esos pecados son la base de nuestra humildad.

Confía tu pasado a la Misericordia, el futuro a la Providencia y vive el presente en el Amor.

 

 

C.5. ¿Jesucristo sufre ahora?

  1. El pecado en relación con la naturaleza física de Cristo

La devoción al Sagrado Corazón enseña a considerar las consecuencias del pecado. Al mirar una imagen del Sagrado Corazón aparecen claramente los efectos del pecado: Las espinas, la Cruz, la herida de la lanza….

Si hubiera pecado menos, Jesús habría sufrido menos. Evitemos pecar.

Prefiero morir antes que cometer un pecado. Ofrezco mi vida para reparar y/o evitar los pecados de cualquier alma.

  1. El pecado y la gloriosa humanidad de Cristo

En la compasión hay una fruición del Amor. La compasión tiene que ir acompañada de paz, sin dolor. Supuesto el dolor y la enfermedad, lo que más felices nos hace es compadecer.

  1. El pecado en relación con el Cuerpo Místico

Si no nos portamos como debemos, somos causa de la falta de reconocimiento de Jesús en su Iglesia e impedimos que la verdadera Iglesia aparezca con toda la santidad en que está constituida.

Los pecados de los católicos causan heridas en el Cuerpo Místico de Cristo. Jesucristo viene a ser como un leproso en su Cuerpo Místico. De nosotros depende ayudarle o continuar flagelándolo.

Él sufre, asociémonos con Él en la expiación.

Sintamos profundamente el dolor, con Cristo doloroso; el abatimiento con Cristo que sufre; íntimo dolor por el terrible sufrimiento que Cristo soporta por mí en su Cuerpo Místico.

  1. Los pecados de “mis almas”

¿Por qué El aceptó sufrir tanto si un acto de su amor hubiera sido suficiente para merecernos la gracia y el perdón?

  • Reparación, en cuanto a consolación, exige la necesidad de padecer un sufrimiento.
    • La divina justicia, como condición necesaria para que la misericordia perdonase, exigía la pasión y la muerte de Jesucristo.
      • Omnipotencia: Orden y bondad.
    • Misericordia: Justicia y reparación.
    • Solidaridad del Cuerpo Místico.

La Hora Santa es importantísima: Se implora la divina Misericordia; se consuela a Jesús por el abandono que sufrió en Getsemaní, mientras se busca compenetrarse con los sentimientos de su Corazón, sentirse con Jesús abrumados bajo el peso de los pecados de la humanidad entera.

 

C.6. La consagración

Con la consagración ofrecemos al Corazón de Jesús a nosotros y a todas nuestras cosas, reconociéndolas recibidas de la eterna caridad de Dios. PIO XI, Miserentissimus.

Cristo nos ama y nos habla continuamente en un diálogo de amor. Reconocer este amor, escuchar lo que El nos dice y aprovechar todas las ocasiones para corresponder a su amor por nosotros.

Vida espiritual cristocéntrica.

Por Complacer a Cristo, queremos compensarle de todas nuestras infidelidades con las que nos hemos alejado de El.

La santidad es la conformidad de nuestra voluntad con la Voluntad de Dios.

San Ignacio de Loyola se convenció de que Cristo es una persona viva, renunció a sus proyectos y se pone completamente a disposición de Jesús.

Jesús tiene sus planes para nosotros, ni los concebimos.

  • Nuestros planes obstaculizan los suyos.
  • Debemos procurar hacer todo lo que sea posible con la gracia del Espíritu Santo.
  • Orar, mortificar, trabajar, recibir los sacramentos, practicar obras de misericordia está bien, pero consagrarse totalmente a Dios nuestro Señor mucho mejor, renunciando a nosotros mismos.

Debemos ponernos totalmente a disposición de Cristo. La persona que se consagra al Amor de Jesús debe dedicarse, ya para siempre, al oficio de cumplir su Voluntad.

Soy Vuestro, para Vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí?

Ofrezcamos nuestro ser, en cuerpo y alma tal cual son, con nuestras faltas y pecados, que Jesucristo no nos reprochará jamás.

Romanos 6,19

No solamente representantes, sino portadores vivos de Cristo, a fin de que El se manifieste en nosotros e ilumine al mundo sirviéndose de nosotros.

Haz que quien me mire te vea. ¿Tengo un Padre en el Cielo?, ¿es mejor que tú? Cuánto deseo verle, porque si es mejor que tú, debe ser bueno de verdad.

Si El está en nosotros, su presencia se traslucirá involuntariamente al exterior en las más pequeñas acciones, en los gestos, en el modo de obrar, en el tono de la voz, se manifestará que El vive en nosotros.

Si aspiramos a sentir en nosotros los sentimientos de Jesús tropezaremos con nuestro “yo” que no muere del todo.

Hombre terreno, consagrado a Cristo.

Este es el único modo de poder hacer un verdadero apostolado en el mundo.

El pan en la Eucaristía pierde su substancia para poderse transformar en Jesús.

A nosotros no se nos pide ni perder nuestra personalidad, ni la sustancia, pero sí ofrecer nuestra voluntad, para que Jesucristo pueda hacer de nosotros lo que quiera.

Entonces, habiéndonos unido cada vez más a Él y transformados por la gracia, podrá hacer milagros por medio nuestro.

 

C.7. La entrega de María, modelo de nuestra consagración

Pensar que la Virgen era normal es hacer una injuria a la Santísima Virgen y a la gracia.

Cuando el alma se da de veras a Cristo, del todo, lo primero que nace en ella es un gran deseo de virginidad, de pureza, de entrega total a Cristo.

Hay que medir la psicología de la Virgen niña según lo que es la psicología de la gracia en los grandes santos místicos, esa tendencia interna hacia Dios.

Dios constituye alrededor de Ella un cerco amoroso que le hace penetrar sensiblemente la delicadeza de su Amor. Ella lo siente, tiene a Dios con toda sublimidad y sencillez de la tendencia total.

Nosotros damos consejos muchas veces a los jóvenes que tienen que vivir la vida de hoy y ser normales, porque todo lo demás es complejo, anormal: Estamos atentando así contra la obra de la gracia.

La Virgen amaba tanto a Dios que ni siquiera reflexionaba en si amaba a Dios.

Lo esencial de la virginidad está en el corazón abierto sólo a Dios.

Porque es Virgen, es Madre. Dios la prepara así para ser su Madre.

La Virgen ama a su Hijo con un amor virginal, porque no se refleja en el Niño los rasgos del padre, sino que se reflejan sus propios rasgos y la Divinidad del Verbo, amándolo se consagra a El, en silencio, quieta.

En los últimos grados se van quitando los velos de delante de los ojos del alma y queda una tela tan tenue que es casi transparente, aunque todavía es fe. La Virgen fue más allá.

Plegaria de la Virgen en Belén: Jesús, que haya siempre en el mundo personas que se consagren como yo. Cuyos ojos sean sólo para mirarte, cuyos labios sean sólo para besarte, cuyas manos sean sólo para cuidarte, cuyo corazón sea so4lo para amarte.

María acoge, fomenta y nos da la palabra de Dios.

Los que hacen la Voluntad de mi padre, esos son mi madre y mis hermanos.

El oficio de María es que Jesús vaya adquiriendo la plenitud de su ciencia adquirida y aún de sus virtudes adquiridas.

En su consagración a Jesucristo pidió la Virgen que su función se perpetuase en el mundo, que hubiera siempre personas dedicadas exclusivamente al cuidado de Jesucristo, exclusivamente a acoger la palabra de Dios y a hacer que se encarne en ellas mismas, a fomentar la palabra de Dios y a darla a los hombres.

Se puede regenerar la virginidad.

La obra de la Virgen, regeneradora de la pureza. Es madre y regeneradora de vírgenes.

Jesucristo sigue naciendo de vírgenes. La Iglesia aprecia la virginidad.

Cómo engendramos a Cristo en nosotros y en los demás:

  • Recibiendo su Palabra.
    • Bienaventurado el que recoge la palabra de Dios y la pone por obra y la lleva a frutos de salvación.
  • Fomentando la Palabra de Dios.
    • Conformar nuestro corazón con el de Cristo en la oración, meditación y entrega.
  • Dar a Jesucristo a los demás.

Amar a Jesucristo hasta unirnos con Él. Dios no tiene interés en tenernos en la aridez, y si nos tiene en ella sin culpa alguna, será porque vamos entrando en ulteriores grados de vida espiritual.

La Virgen ama a Cristo en nosotros. La mejor forma es realizar la dulce presencia de María, que desea grandemente perpetuarse en las almas que consagren a su Hijo toda su vida.

La Virgen es custodia perpetua del amor de Cristo.

María está entre nosotros con esta otra presencia moral, por la presencia de almas dóciles a su inspiración y que perpetúan este amor a Cristo.

Que todas las almas confiadas a nosotros aprendan de nosotros a amar a Cristo.

Seamos custodios celosos de que esas almas amen a Cristo, no sólo de que sean buenas, no de que sean modernas, y no pequen, sino de que amen a Cristo con toda su alma.

 

C.8. La reparación

Tenemos tres formas de reparar el sufrimiento que hemos causado a Cristo o que otros le causan:

  1. Negativa:
  • La confesión, la penitencia, el uso de los sacramentales, las humillaciones y mortificaciones de los sentidos que se nos presenten.
  1. Afectiva:
  • Consolar a Cristo, para que no mire nuestros pecados sino nuestro amor y buenas intenciones, siendo fieles a su mandamiento, a los deberes propios y perseverantes en la oración.
  • La oración, la Comunión, y la Santa Misa.
  • Olvido de lo creado, memoria del Creador, atención a lo interior, y estarse amando al Amado.
  1. Aflictiva:
  • La victoria está en la Cruz. Que la Cruz se manifieste en nosotros. Debemos ser crucifijos vivos. Llevar en nosotros la Cruz viviente de Cristo.

Para reparar y purificarnos, tenemos que fortificar la voluntad para:

  • Destruir nuestras malas costumbres.
  • Domar la concupiscencia.
  • Disminuir la pena por el pecado.

La Comunión reparadora es el Sacramento del Amor. Comulgar con fervor para unirnos más a Cristo, olvidado.

Ofrezcámonos al Padre, y ofrezcámosle las virtudes del Corazón de Cristo contrarias a los pecados que se quieren reparar.

Primer Grado: La expiación estimula la unión con Cristo, cancelando las culpas.

La Cruz -penitencia y sufrimiento- es una purificación que tiende a hacer perfecta nuestra consagración al Corazón de Cristo.

Segundo Grado: La expiación perfecciona la unión con Cristo, participando en sus sufrimientos.

La idea de ser cada vez más semejante a Cristo se apodera lentamente de nosotros. El Amor exige imitación. Es hermoso sufrir por Cristo.

Tercer Grado: La expiación consuma nuestra unión con Cristo ofreciendo sacrificios por los hermanos.

Nuestra santidad va unida a la de muchísimos. Ofrezcamos, pues, nuestra reparación, primero por aquellos que han sido perjudicados por nosotros espiritualmente. Puedo ofrecer una verdadera expiación por ellos.

  1. Necesidad de esta reparación.

No se convierte ningún alma sin el sufrimiento de otra.

Expiación = sufrimiento x dignidad

Sin el sacrificio expiatorio, no podremos tener conversiones.

La dignidad de la persona que sufre consiste en su vida sobrenatural, en su unión con Cristo.

  1. Algunas aclaraciones

Sobre las ruinas que han acumulado el odio y la violencia, podrá levantarse la tan deseada Civilización del Amor, el Reino del Corazón de Cristo.

La verdadera reparación es la construcción de la Civilización del Amor. San Juan Pablo II indicaba el valor y la práctica de la reparación como elemento esencial de esta devoción, estrechamente ligado al deseo y a las condiciones necesarias para la construcción de un mundo nuevo.

Hay que reparar el pecado del mundo. Reparación al Corazón de Jesús.

La Civilización del Amor no puede alcanzarse ni pensarse sin el ingrediente de la reparación.

Es la humanidad nueva, fruto de la redención de Cristo, como expiación del pecado y reconciliación con el Padre.

La reparación es una compensacio4n de amor al Amor no amado, que pretende y procura, uniéndose a la expiación de Cristo, salvar al pecador, transformar el mundo y construir la nueva humanidad, que es el objetivo de la redención de Cristo.

Hay que tener en cuenta:

  • El proyecto amoroso del Corazón de Cristo resucitado que es la conquista de todos los enemigos, ganándolos a su Amor.
  • La vinculación estrecha entre todos los hombres.
  • La exclusión de todo intimismo alienante.
  • La consideración de las ofensas cometidas contra el Señor ha de hacerse viendo al mismo tiempo a los ofensores como amados y buscados por el Señor.
  • La repercusión de estas ofensas en nuestro corazón ha de excitar un renovado amor a Jesucristo que trata de reparar las injurias: y un renovado amor en Él a los mismos ofensores pidiendo por ellos y trabajando, en cuanto sea posible, por su transformación, en orden al cumplimiento de los designios divinos de nua nueva humanidad.

 

C.8. La Santa Misa

Es necesario no olvidar jamás que toda la fuerza de la expiación depende únicamente del cruento sacrificio de Cristo, que se renueva ininterrumpidamente en modo incruento sobre el altar.

Nuestra satisfacción es nula si no está unida a la de Cristo.

La piedra fundamental es fruto del sacrificio.

Vosotros como piedras vivas, sois edificados en casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios, por Jesucristo. 1 Pe. 2, 4-5.

La gota de agua en el vino representa nuestro sacrificio unido al de Cristo.

El viene a nosotros para permanecer en nuestro corazón y transformarnos en El.

Un católico ideal es un mártir de Cristo, que ofrece el Sacrificio de Cristo.

Nuestra vida es un martirio. Ofreced vuestros cuerpos en sacrificio vivo. Rom. 12,1.

Abstenerse de mirar cosas malas, se convertirá en sacrificio, no pronunciar palabras indignas, será un sacrificio. Castidad en la juventud, martirio sin sangre.

En la Misa nos ofrecemos a nosotros mismos como víctimas a El. Esta víctima será sacrificada durante el día.

 

C.10. La Civilización del Amor: El Reino del Corazón de Cristo.

El acto redentor de Jesucristo en la Cruz desemboca en el reinado de Cristo glorioso.

  1. Reino en este mundo, pero NO de este mundo.

El sentido de la Realeza de Jesús. Jesucristo ha redimido a la humanidad entera.

Traicionaría la voluntad de Dios y de Cristo quien renunciara a la transformación de la humanidad sobre la tierra en una nueva humanidad salvada por Cristo.

  1. El mundo de hoy tiene sed de una civilización nueva

La gran tarea de los apóstoles del Corazón de Jesús es mostrar al mundo que en el Corazón de Jesús encontrará la solución de los males que le torturan y el cumplimiento de los anhelos que arden en su pecho.

Las estructuras injustas que hay en el mundo lo son por el corazón del hombre que las monta y las mantiene. Esta injusticia no se remedia por el cambio de esas estructuras por otras, sino se cambia el corazón, las nuevas estructuras serán fruto de nuevo de un corazón injusto y malvado.

Tenemos un corazón de piedras, materialista, egoísta.

Jesucristo ha iniciado una Creación nueva. El mundo tiene remedio en el Corazón de Cristo por el que se establecerá la Civilización del Amor.

  1. La Civilización del Amor.

El corazón humano constituye el centro impulsor de la fraternidad que nos ha traído Jesús. El hombre se hace más hombre a través del corazón.

Una sociedad que lleve el sello de los valores cristianos como el factor más fuerte de cohesión social y garantía de futuro. Descripción de la Civilización del Amor de SJPII.

La transformación de los corazones no es obra humana. Es fruto de la redención de Cristo y se realiza a través de la expiación del pecado y de la adhesión al Corazón de Cristo.

Amar a Dios, no ofenderle, ni en mi interior ni en mi trato con los demás.

Todo corazón que ama a Jesucristo y sintoniza con su corazón tiene que anhelar el establecimiento del reino de su Amor, la Civilización del Amor.

  1. Colaboración universal al reino del Corazón de Cristo

La acción constructiva brota de un corazón bueno con la bondad nueva de Cristo que se entrega y ofrece. Tal calidad del corazón es fruto de la acción del Espíritu Santo.