María Lacalle establece los motivos de la importancia de la familia para la sociedad al demostrar la relación directa entre una familia fuerte, unida -que funciona- y la estabilidad social, lo que deriva automáticamente, entre otras ventajas, en una sociedad sólida y próspera.

Las personas acogidas en una familia estable y feliz (un espacio en el que el individuo es aceptado tal cual es, sin máscaras sociales) desarrollan la conciencia de su propia valía y la autoconfianza. Son, asimismo, capaces de reconocer la valía en el otro. Esto está contrastado y demostrado por la neurociencia.

Lamentablemente, y a pesar de que la experiencia demuestra que la familia es decisiva para el bien común y la sociedad, asistimos a un cambio de mentalidad que defiende que el vivir en familia ya no es bueno, y donde se prima el individualismo feroz.

En este vídeo se nos indican las causas de esta situación, cómo hemos llegado a esta concepción autodestructiva, pues conduce no sólo a un invierno demográfico sino a un egoismo manifestado a través de diferentes vías (aborto, divorcios, bajo índice de natalidad y nupcialidad, eutanasia…) que difícilmente es compatible con una sociedad próspera y plena.