La “Gender Theory” o teoría de género impregna de tal modo nuestra realidad que es muy difícil resistirse a ella. La ideología de género se ha ido infiltrando a través de los medios de comunicación y la oferta cultural, cristalizando en leyes y entrando en la escuela, y finalmente se ha convertido en opresión.

Ideología de géneroPero, ¿qué es la ideología de género? Podemos decir que Engels a finales del s XIX estableció las bases de la teoría de género asegurando que la primera lucha de clases era la que se daba entre el varón-opresor y la mujer a través del matrimonio monógamo y estable y de la maternidad. A lo largo del siglo XX otros fueron desarrollando esta teoría freudomarxista. En la segunda mitad del s. XX cambió de nombre, de “feminista” a “de género”, dando entrada a otros oprimidos por el varón-opresor: los LGTBIQ (personas que tienen relaciones sexuales con personas de su mismo sexo o que no aceptan su sexo y han decidido construir un estilo de vida en torno a este tipo de comportamiento sexual llamado generalmente homosexualismo y transexualismo).

Resumiendo mucho, desde entonces hasta ahora, los generistas o expertos en género se caracterizan porque:

Piensan que los varones son malos, malísimos, unos opresores malvados, que han creado una cultura y sociedad “heteropatriarcal” y “coitocéntrica” para someter a la mitad de la población (las mujeres) y a los hombres que o no quieren ser hombres, o quieren tener relaciones sexuales con hombres (LGTBIQ).

Para oprimir a mujeres y a LGTBIQ, la sociedad de los varones opresores:

  1. Impone roles de género a las personas desde su nacimiento y a lo largo de toda su vida en base a la diferencia genital. Según los generistas los roles de género son construcciones sociales sobre lo que es un hombre y una mujer que no guardan absolutamente ninguna relación con el sexo o diferencia biológica sexual. Estos roles incluyen por ejemplo el uso de determinada ropa, la orientación hacia ciertos juegos o actividades más de chicos o de chicas, elección de ocupaciones en la edad adulta, etc. Sostienen que varones y mujeres son idénticos salvo en su aparato genital y que el resto de diferencias entre ellos son imposiciones culturales de los roles de género.
  2. Los varones opresores han logrado esta imposición, en gran parte, a través de un lenguaje sexista que evidentemente hay “deconstruir” y cambiar (los generistas han logrado dotar de un nuevo significado a palabras como matrimonio, familia, etc.; crear nuevas realidades a través de palabras como LGTBIQ, homofobia, entre otras o llenar el discurso de femeninos y nuevas formas femeninas).
  3. Pero sobre todo, los varones opresores han inventado e impulsado el matrimonio monógamo estable entre hombre y mujer, que es la manera de esclavizar a la mujer a través de la maternidad y el cuidado de la familia y de excluir a los LGTBI.

«Como consecuencia, para acabar con la lucha de sexos (que recordemos, es la primera lucha de clases y el origen de todos los males del universo según su perspectiva) y de paso hacer mucho dinero, dedujeron que hay que acabar con el matrimonio y la familia de toda la vida (el matrimonio monógamo y estable entre el hombre y la mujer)»

Lo hacen a través de:

  1. Hacernos creer que lo mejor que le puede pasar a una mujer es trabajar 10 a 14 horas al día para poder tener una “posición requetefashion” en la tarjeta de visita, en Linkedin o en resto de redes sociales. Por tanto, lo peor que te puede pasar es quedarte embarazada cuando en realidad lo que tienes que hacer es luchar por tu carrera profesional. Y por supuesto nos recuerdan constantemente que la ocupación más denigrante del mundo es ser ama de casa. (Si no sabes conciliar carrera profesional y vida familiar y decides dedicarte a tu familia eres una fracasada, machista y retrograda).
  2. Fomentar una estructura económica que “obligue” a que las mujeres trabajen fuera del hogar. Aquellas que no aspiran a la tarjeta de visita impactante se ven forzadas a trabajar porque los ingresos de solo un conyugue no son suficientes para pagar la hipoteca. Además, se da la circunstancia de que la mayor parte de las ayudas solo son para las “madres trabajadoras”. Vivimos en un mundo en el que hay familias humildes que tienen acceso a miles de caprichos a un precio muy asequible (por ejemplo, pueden llenar un armario con camisetas muy “cools” de 3€) pero se han de hipotecar durante más de 30 años para pagar su primera vivienda.
  3. Convencernos de que el matrimonio no tiene sentido entre un hombre y una mujer modernos, de que en realidad no necesitamos papeles, de que son mejores unos papeles más rápidos en el caso de una hipoteca en común (unión de hecho) y de que es extremadamente necesario un divorcio exprés por si acaso nos hemos equivocado y se nos ha ocurrido casarnos. Pero eso sí, al mismo tiempo, lo que no tiene valor entre un hombre y una mujer, es lo más indicado, importante y vital para las parejas del mismo sexo. ¡Menuda atrocidad negarles el acceso al “matrimonio igualitario”! Ellos encarnan el ideal de la diversidad familiar y el nuevo modelo de familia. Además, su unión es perfecta porque tienen que pagar por tener cada hijo que quieran incluir en la familia y eso supone beneficios para las clínicas y agencias de reproducción asistida.

 

Ideología de género

Al mismo tiempo que se nos trata de inculcar a fuego lo cool que es no casarse entre heterosexuales -nada de compromisos, ¡qué tontería!- se propugna que es una aberración negar el matrimonio a personas del mismo sexo.

 

4. Explicarnos lo maravilloso que es tener pocos hijos, para poder atenderles bien, como se merecen los niños, que son “lo más bonito de este mundo” (siempre y cuando sean pocos). Si tienes solo uno, y trabajas muchas horas, puedes mandarlo a estudiar a EEUU. Con siete apenas podrás darles de comer, tendrán que ir a la universidad pública y sobre todo no podrás pasar “tiempo de calidad” con cada uno de ellos. Solo las “conejas” tienen familias grandes, los seres civilizados “planificamos” nuestra familia. Para eso nos dedicamos a esterilizar nuestro amor o matar a nuestros hijos cuando somos jóvenes y fértiles. Congelamos gametos para tener hijos cuando hallamos alcanzado nuestras metas profesionales. Y si es necesario los importamos de algún rincón exótico del mundo. Toda esta mercantilización de la reproducción humana es tremendamente lucrativa. Las fortunas generistas tienen grandes inversiones en farmacéuticas, empresas de anticonceptivos, abortorios, reproducción artificial, etc.

Y como no podría ser de otra manera, animarnos a vivir desde niños una sexualidad libre de amor procreativo, alejada de la aceptación de la propia corporalidad y complementariedad del otro sexo. Para ello podemos optar:

  • Por la masturbación (solo o en compañía) preferiblemente con juguetes y pornografía, cuya venta genera ingresos
  • Por la relación sexual varón-mujer sin ningún tipo de amor ni compromiso, con los adecuados medios anticonceptivos o abortivos que son los que dan dinero y que te permiten hacer una separación casi perfecta de amor, sexo y procreación.
  • O bien elegir un auténtico amor LGTBIQ cuya práctica sexual no genera niños, lo cual sostiene el negocio de reproducción artificial y ya se encarga el SIDA y otras enfermedades de mantener el negocio farmacéutico y el de los preservativos.

«Cuanto antes se empiece a practicar sexo, mayores serán los ingresos y además abrimos la puerta al reconocimiento de la pedofilia como una mera orientación sexual y la relación entre niño o púber con adulto como un derecho sexual del niño, al que los padres no deben oponerse. ¡Más clientes!»

5.Sobre todo, recordarnos lo malo que es el varón heterosexual “delgado y de la religión mayoritaria”. El varón es potencialmente un maltratador, un ser del que se presupone la culpa y que ha de demostrar que es inocente ante una acusación de violencia de género (o de homofobia).

6.Para poder mantener toda esta mentira no solo es necesario controlar el cine, la TV, la publicidad, la prensa, la educación; sino también acallar a las voces disidentes. Quienes no comulgan con la “verdad” de la ideología han sido y son, ahora más que nunca, machistas, homófonos, intolerantes, retrógrados, opresores que discriminan y no respetan los derechos de mujeres y de los LGTBIQ. Es obligación de cualquier buen ciudadano denunciarles, acallarles e insultarles en público y especialmente en redes sociales. Ya existen legislaciones autonómicas donde se considera que eres culpable de homofobia hasta que demuestres lo contrario. Y ya hay administraciones que han empezado a sancionar con multas estos nuevos delitos (aun cuando la fiscalía y la inspección no encontró indicios de delito).

Ideología de género

El “género” ha pasado de teoría a ideología dominante y totalitarismo. Gota a gota, la teoría de género nos ha ido “convenciendo” de que el “amor verdadero” no existe.

 

Ha conseguido que para una mujer joven sea una atrocidad esperar a un hombre bueno para casarse con él, dedicarse a cuidar de él y, con él, de los hijos en común, mientras él cuida de ella. Y para un hombre, ser un idiota si se entrega a una sola cuando puede usar y disfrutar del sexo de muy diversas maneras sin compromisos ni riesgos. El género nos ha “convencido” del que el varón no es un príncipe valiente y bueno, sino un sospechoso; el matrimonio no es el ideal de felicidad a lograr sino una forma de opresión machista; de que no somos cuerpo y alma, sino que tenemos un cuerpo y como posesión nuestra está sometida a nuestra voluntad, amputando o añadiendo a nuestro antojo.

«El género nos ha robado nuestra naturaleza y nuestra felicidad, la sabiduría humana de siglos y siglos de historia en solo unas décadas. Lo ha hecho envenenándonos gota a gota en la TV, en las noticias, en el colegio y hasta en la sopa (o al menos en la publicidad de la sopa)»

Pero el varón y la mujer están hechos para amarse y complementarse el uno al otro, dar y cuidar vida. Es su naturaleza humana. La lucha, desconfianza, temor y opresión del uno al otro nunca nos llevará a la felicidad ni como individuos ni como sociedad. Por eso hay que rechazar y combatir el género. Porque entiende la relación entre varón y mujer como lucha y opresión en lugar de como amor y complementariedad. Porque desprecia, amputa y somete el cuerpo del hombre como si fuera un mero objeto o posesión, despreciando la dignidad humana. Porque su objetivo (que empieza a lograr) es destruir al hombre como varón y mujer, el matrimonio y la familia. Para los generistas, estos son el origen de todos los males sociales. Sin embargo, para otros, la familia y el matrimonio entre varón y mujer es el origen de muchos bienes humanos que queremos defender y proteger.

María José Sánchez

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