Empieza a ser un fenómeno tal que conviene encontrar cuanto antes un término que se ajuste a la descripción de la enfermedad. ¿Qué tal verdafobia?

De todos es conocido el relativismo, hijo de todos los errores filosóficos que asolaron el pensamiento desde que se abandonara el elemental realismo aristotélico perfeccionado por Santo Tomás en la Edad Media. El relativismo… Y lo llaman progreso…

¿Se imaginan qué ciencia podría haber según esa manera de pensar que lleva a nada concluir?

Lo estamos viendo de forma trágica con el asunto del calentamiento global por causa antropogénica, dicen. Y lo llaman ciencia… Gracias a Dios trabajo en el sector de la Biotecnología, donde las discusiones aún se ciñen a hechos, pruebas, demostraciones y argumentos racionales; la salud y la misma vida están en juego. En este mundo el relativismo que impide llegar a conclusiones ciertas no tiene ni cabida ni sentido. Aún.

Histeria ante la verdad

La patología que nos ocupa, y que usted ya ha comprobado que padecen incluso parientes cercanos, va más allá del relativismo.

Porque ya no se trata solo de negar la verdad, sino de odiarla, de combatirla, de condenarla, de perseguirla y de insultarla. Es algo que presenta características de histeria.

Y pasa hasta con cuestionas superficiales: no hace falta referirse a cuestiones científicas o religiosas, éstas solo se distinguirán por demostrarnos histerias más acusadas.

Pero en cualquier asunto menor, esa histeria aparecerá en forma de reproches, insultos o ataques personales a quien ose siquiera insinuar que algo pueda ser cierto, esto es, verdadero, es decir, en definición escolástica, algo en lo que se adecúa el entendimiento a la realidad.

Y ahí es cuando uno está radicalmente perdido en un debate: cuando ha dicho que algo es así y no puede ser de otra forma, aparece la intolerancia más irracional: ¡Hereje, a la hoguera!

«Tú problema no es  lo que dices, en lo que estoy  absolutamente de acuerdo, sino que lo dices sosteniendo que es verdad», me espetaba un amigo en una conversación sobre cuestiones morales.

He aquí expresada en una sencilla frase la estúpida crisis mental en la que nos hayamos.

Histeria ante la verdad

¿De qué serviría tener algo por aprendido, reflexionado y concluido, si no se creyera que fuera verdad?  ¿Acaso no es un mandato interno de nuestra mente y corazón, a veces incluso hasta angustioso, ése afán de descubrir, confirmar, poseer  y amar la verdad sobre nosotros, sobre los demás, la vida y el mundo?

Pero vivimos construyendo una nueva  torre de Babel donde se puede decir cualquier cosa y la contraria y además encontrar datos, hechos y argumentos que sustenten ambas versiones, consecuencia a su vez del exceso de desinformación que circula por las redes.

Pero no podemos vivir sin la verdad, que se acaba imponiendo causando grandes dramas a quienes se empeñan en seguir luchando contra ella y remansos de paz a quien humildemente la acepta.

¿Qué hacer, cómo sobrevivir? Aprendiendo, estudiando, reflexionado, concluyendo, orando y educando a nuestros hijos con empeño a veces heroico.  Y perseverando.

Necesitamos de una vuelta a nuestro mundo interior, en silencio, como insiste el Cardenal Sarah en Se hace tarde y anochece (Palabra, 2019), que nos refuerce de cara al testimonio urgente que el mundo necesita.

No se trata de complicadas estrategias, sino de buscar con pasión y de vivir coherentemente. No se trata de buscar argumentos, que a nadie convencen, porque el fenómeno de la histeria ante la verdad lleva a muchos a aferrase de cualquier manera a la falacia relativista, incluso perdiendo totalmente el sentido de la realidad y el sentido común. Porque, al fin y al cabo, la histeria, en términos de psiquiatría, es una neurosis en la que los pacientes presentan alucinaciones y poco se puede hacer desde y con la razón para cambiar sus percepciones.

Pero la verdad está ahí, nos espera y nos sigue llamando, no deja de existir porque se la niegue.

En algún momento nos encontraremos delante de la verdad y sus consecuencias.  La verdad además acaba por expandirse y contagiarse, aunque se intente ocultar tras toneladas de falsedades. Se trata de vivir estos tiempos con paciencia y soportar, con mucho amor, a quienes han sido tan dañados por la dictadura del relativismo que, perdiendo cualquier sentido común más elemental, se ponen histéricos ante la verdad.

 

Necesitamos tu colaboración para mantener Un Legado Mejor. ¿Nos ayudas?