Con la exhumación de Franco, se jugó todo en España

Cada uno ahí se situó donde quiso. Ahora se ven y se verán aún más cada día las consecuencias.
La Guardia Civil, la Policía y la Justicia, entregados al poder político.
El Ejército, callado ante la profanación de los restos del que fuera Generalísimo de los Ejércitos y Jefe del Estado.
La jerarquía eclesiástica, aceptando la profanación de un templo y de una sepultura.
El Rey, que debía el poder al profanado, callado, y sus padres comiendo en un restaurante madrileño mientras aquella infamia se producía.
El PP, con las manos ataditas porque según su dirigente nacional «no voy a hacer nada por ese individuo y por ese edificio«.
Y ahora, todos como corderitos ante la toma del poder por el nuevo Frente Popular, la arremetida de éste contra la Iglesia (que se prepare), la llegada de la eutanasia, el hundimiento de la economía y la ruptura de la unidad de España.
Hasta los etarras de Bildu hacen posible la llegada de este gobierno y nadie con capacidad de hacer y decir algo actúa.

 

España ha dejado de ser un pueblo de valientes y se ha convertido en un pueblo de cobardes.