Dios tiene predilección por España… ¿Sabremos corresponder a Dios?

Santiago quiso atravesar el norte de España para llegar a Finisterre. El mandato evangélico “Id por el mundo y predicad el Evangelio a todas las naciones” sin duda tuvo que ver, pero el Espíritu Santo le animaba. La Virgen María también fue su Pilar en los momentos de dificultad.

San Pablo dejó por escrito su intención de visitar España.

San Pedro envió a 7 varones muy selectos a nuestro país.

Virgen de Covadonga, España

Osio de Córdoba convocó el concilio de Nicea del que resultó el Credo que sustenta la Fe Católica. Fue asesor del emperador Constantino y tuvo mucho que ver en el fin de la persecución al cristianismo que dio lugar a la primavera católica en Europa.

Leandro de Sevilla influyó en Hermenegildo, que alcanzó la santidad. Su hermano Isidoro de Sevilla fue uno de los impulsores del tercer Concilio de Toledo, que unificó España en la Fe y dio a luz a nuestra nación.

Las ermitas, los conventos y las iglesias aparecieron por doquier en el territorio patrio.

De la gruta de nuestra Señora surgió la monarquía católica española; que liberó a España, Pelayo la inició y los Reyes Católicos la culminaron, y tuvo como coronación la extraordinaria evangelización de América; una monarquía ejemplar para el mundo en la figura de San Fernando, con innumerables ejemplos de servicio a Dios, a España, y a la humanidad.

Muchas órdenes religiosas nacieron en España y sirvieron para extender y reformar la Salvación de Dios en la Iglesia Católica.

Unos siglos con figuras extraordinarias humana y espiritualmente hablando, logrando frutos de santidad y martirio (imposible citarlos a todos) en diferentes territorios del planeta: Evangelización de América, fruto del esfuerzo de los españolesSanta Mariana de Jesús Paredes en el actual Chile, San Felipe de Jesús en el actual Méjico, San Roque en el actual Paraguay, Santo Toribio y Santa Rosa de Lima en el actual Perú.

Frutos que siguen en la actualidad, y no han dejado de alumbrar al mundo, recientemente Santos extraordinarios como José María Rubio, y un número enorme de mártires en la guerra civil.

La consagración de España al Sagrado Corazón que el pueblo (primera vez sin las autoridades mundanas, que deben de ignorar ya de dónde les viene su poder) ha renovado en su centenario, es, por un lado, un hito fundamental en la historia del Amor entre Dios y España, y por otro, un camino de futuro para profundizar en dicho amor y seguir dando fruto.

Todo viene de Dios. Todo lo bueno que puede hacer el hombre viene de Dios

Santa Teresa de Jesús, santa española

Todo lo que ha hecho España, ha sido por la gracia de Dios. Los mejores españoles han sido los que más tiempo han pasado en oración, de rodillas ante el sagrario.

Si queremos seguir al servicio del plan que Dios tiene para salvar a toda la humanidad, debemos volver a poner a Dios en el centro de nuestras vidas

Decía el Padre Mendizábal (a quien esperamos ver algún día en los altares) en la homilía del sexagésimo aniversario de la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús que se celebró en el Cerro de los Ángeles el 1 de junio de 1979, que:

«Cristo, amándonos con su Corazón abierto, nos da el Espíritu Santo. El pueblo de Dios, de nuestra Patria (…) levanta la mirada hacia el Corazón de Cristo y Él le da su Espíritu.

El Espíritu Santo es el gran don del Amor de Dios. Y ese Espíritu que se nos da es, el que estando en nosotros, nos inunda de Caridad (…) y nuestro corazón se va haciendo semejante al de Cristo (…), un Corazón que sabe entregar la propia vida, que sabe amar de veras (…).

(La mirada de Jesús), fijándose en vosotros, comunicándoos ese Espíritu, hace que la vuestra se dirija hacia Él.

Al entregarte, no sólo es la mirada la que penetra en el Corazón de Cristo, sino es tu persona y es todo tu ser el que es asumido por ese Amor. (…). Deseo de más entrega, de más amor, de más purificación, de más inundación de caridad al mundo. (…)

De este monte santo, cuando (…) bajemos a la realidad (…) seamos conducto y cauce del Espíritu Santo, que en nosotros quiere transmitirse al pueblo de Dios. (…)

Ese Corazón sigue todavía sin haber alcanzado la plenitud de la Redención. Y todos nosotros hemos de asociarnos al Corazón de Cristo para realizar la plenitud de la Redención.

Hemos de procurar todos el perfeccionamiento de nuestra consagración, el perfeccionamiento de nuestra entrega al Señor, y la entrega de nuestra persona para que Cristo reine de veras en todo su pueblo. (…)

España será lo que es el pueblo de España. No se arregla todo con unas fórmulas sino que es necesario que la vida nuestra sea lo que debe ser, es necesario que cada uno de nosotros sea de veras de Cristo. (…)»

Sería una paradoja que tuviéramos el anhelo de que toda España fuera de Cristo y lo único que depende de nosotros, que somos nosotros mismos, no acabáramos de entregarlo a Cristo

Todos los gigantes de la Fe que nos han precedido lo tenían claro, lo pusieron en práctica, y aprovecharon su vida en la tierra para ganar el Cielo.

Por todo esto, para entregarnos a Cristo, perfeccionar nuestra entrega y ser cauce del Espíritu Santo, y así poder dejar una España Mejor a las futuras generaciones, hemos concretado una propuesta de vida:

Trabajamos por Dios y por España, y lo más importante es nuestra familia. Para discernir y seguir la voluntad de Dios, lo más adecuado es tener un

Orden de vida

Oración en familia, orden de vida de Un Legado Mejor

  • Ofrecimiento de obras por la mañana, para empezar el día con Dios.
  • Al menos 30 minutos diarios de oración.
  • Sacramentos: Misa diaria, confesión al menos una vez al mes.
  • Rezar el rosario (mucho mejor en familia) al menos una vez a la semana.
  • Esforzarse para crecer personalmente en las virtudes, y mantener la integridad.
  • Tratar a los demás como los trataría Jesús.

 

Con este plan de vida, y teniendo claro la máxima “Non in multitudine exercitus consistit victoria, sed voluntate Dei” (La victoria no consiste en el número del ejército, sino en la Voluntad de Dios), podremos trabajar con la confianza puesta en Dios, y sabremos que nuestra Esperanza no será defraudada.

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