En todo el mundo surgen artículos de católicos comprometidos quejándose del silencio de la jerarquía ante los errores, medias verdades y escándalos que existen en el mundo actual, así como en el mismo seno de la Iglesia. Ha tenido mucho eco la carta del Editor del Remnant, Michael Matt, en la que llama a los católicos a hacer frente a estos silencios.

Puedes ver el vídeo con la carta del señor Matt aquí: Enlace.

En España, muchos católicos sienten desasosiego y preocupación por el silencio de los obispos. Por su interés al tocar este tema, hemos traducido el artículo escrito por Monseñor Charles Pope el pasado jueves, 21 de noviembre de 2019, y que fue publicado por el National Catholic Register en Estados Unidos. Puede consultar el artículo original en este enlace: http://m.ncregister.com/blog/msgr-pope/silence.

Lo que está claro es que todos somos parte de la Iglesia. Puede haber error y pecado en muchos de nosotros, pero la Iglesia es la esposa de Cristo y Dios la protege, la Virgen María intercede por ella y el poder del maligno no prevalecerá sobre Ella. Por todo esto, tenemos que tener Esperanza. Y la mejor manera de servir a la Iglesia es profundizar en la conversión personal, vivir alimentados por los Sacramentos en la vida de Gracia, y dar testimonio del Amor de Dios en el mundo que nos ha tocado vivir.

Los Católicos no pueden evitar su responsabilidad por la ciénaga moral actual. Nadie está exento de la tarea de repudiar el error y expresar la verdad.

El primer y el segundo libro de los Macabeos, que leemos cada año en este momento del Oficio Divino, son especialmente pertinentes hoy para nosotros, cuando al sincretismo religioso y a la descarada idolatría se les permite quedar sin corrección cuando no son abiertamente celebradas.

Los libros de los macabeos están situados en el periodo 200 años anterior al nacimiento de Cristo. Los judíos que vivían en Judea en esa época habían recibido la fuerte influencia Helenizadora que Alejandro Magno inició. Algunos, especialmente aquellos de la clase alta urbana, se entusiasmaban con dejar de lado la ley judía y adoptar el estilo de vida de los griegos. En sus mentes esto les haría avanzar personalmente y al pueblo judío en cuestiones económicas y políticas. Escondieron las marcas de la circunsición, repudiaron la sagrada alianza y trataron de convertir Jerusalén en una polis Griega, incluso cambiándola el nombre por Antioquía. Un malvado sumo sacerdote, Jason, confabuló con el rey griego Antíoco deponer la Fe judía y reemplazarla con costumbres y devociones paganas. 

Antíoco convirtió la posesión de la Torah en crimen capital y ordenó la quema de todas las copias que se encontraran. La observancia del Sabath y otras fiestas judías fue prohibida, la circuncisión se declaró ilegal, y cualquiera que circuncidara a sus hijos era asesinado. Los rituales y sacrificios del tiempo fueron prohibidos, y un ídolo del Dios del Olimpo Zeus fue colocado en el altar delante del templo. Muchos israelitas consintieron con esta refutación de su fe, e incluso instalaron altares a los dioses griegos y les ofrecieron sacrificios.

Por lo tanto, no fue solamente un ataque desde una cultura o una nación incrédula, sino también un ataque desde dentro, de los propios compañeros judíos que habían perdido la fe de sus padres y estaban decididos a arrancarla de cuajo en nombre de los avances sociales y ganancias mundanas. Los judíos que perseveraron en la fe fueron formados a resistir no solamente a los opresores paganos, sino también a sus compañeros judíos que fueron acomodaticios en el mejor de los casos y apóstatas en el peor.

Estos tiempos sombríos son un aviso para nosotros de lo que puede suceder si nosotros y nuestros lideres pierden o comprometen nuestra fe y se acomodan a la cultura dominante.

Hay una historia particular en el segundo libro de los Macabeos que nos explica la necesidad de testigos heroicos de la fe. Debemos renegar de provocar escándalo, incluso, aunque nos cueste  nuestra propia vida. La historia comienza en capítulo 6, versículo 18 del segundo libro de los Macabeos (en la edición en inglés).

«Eleazar, uno de los principales escribas, un hombre de avanzada edad y noble apariencia, estaba siendo forzado a abrir su boca para comer cerdo. Pero prefiriendo una muerte gloriosa a una vida de corrupción, escupió la carne, y caminó voluntariamente hacia el instrumento de tortura, como debía hacer la gente…»

Algunos hombres que habían sido engañados pensando que Eleazar podría ahorrarse una muerte “innecesaria” trataron de “razonar” con el, sugiriéndole llegar a un acuerdo que le salvaría la vida:

Los encargados de aquella comida ritual ilegal se lo llevaron aparte en privado, por su gran familiaridad con él, y le urgieron a traer carne escogida por el, que pudiera el comer legítimamente, y pretender que estaba comiendo un poco de la carne prescrita por el rey para el sacrificio.

Eleazar rechaza el acuerdo, diciendo que preferiría morir que participar en semejante escándalo, ya que otros podrían llegar a pensar que morir era una suerte peor que renunciar a la fe.

A nuestra edad sería impropio hacer esta pretensión; mucha gente joven podría pensar que el anciano Eleazar a sus 90 años se convierte a una religión extranjera. Si yo esto permitiera por un breve momento de vida, serían conducidos por mi a la perdición, mientras que yo traería vergüenza y deshonor a mi vejez. Incluso si, por el momento, evito el castigo del hombre, nunca jamás, ya sea vivo o muerto, escaparé de las manos del Todopoderoso…. [No] Dejaré a los jóvenes un noble ejemplo de cómo morir voluntaria y generosamente por las reverenciadas y sagradas leyes.

Así, Eleazar murió valiente y fielmente. Es un gran ejemplo de la necesidad de sufrir o incluso morir por nuestra fe y de la importancia de negarse a escandalizar a los creyentes. Jamás debemos sugerir, ni siquiera por un momento, que alcanzar acuerdos con nuestra fe merece la pena de la infidelidad.

Qué es el escándalo en un sentido Católico? Cuando alguien escandaliza, actúa de tal manera que conduce a los demás hacia el pecado. Esto está estrechamente relacionado con el significado secular en el hecho de que el efecto más devastador de los escándalos a lo largo del tiempo es que cesamos de sorprendernos o agitarnos por el comportamiento pecaminoso. Cuando vemos a otros involucrados en el pecado, especialmente a los que tienen autoridad, empezamos a pensar que quizá no esté tan mal después de todo. 

A la gente le impactaba antiguamente el divorcio, la concupiscencia, el aborto, las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo y el suicidio. Pero cuando a los líderes culturales se les consienten estos pecados, algunas veces incluso fanfarroneando sobre ellos, muchos son empujados a minimizar, aceptar e incluso celebrar esta pecaminosidad. Este es en última instancia el efecto del escándalo: El mal ejemplo nos lleva a justificar e incluso a celebrar el pecado.

Jesús fue muy claro con los que escandalizan. Les anunció:

Si alguno de vosotros escandaliza a alguno de estos pequeños que creen en mi para que tropiecen, les sería mejor que les ataran una piedra de molino alrededor del cuello y ser arrojados a las profundidades del mar. Mateo 18, 6 (en la edición en inglés).

Sí, es mejor morir que arrastrar a los creyentes al error y al pecado. Cualquiera que considerase “salvar” su vida en este sentido, haría bien en reconsiderar, no sea que herede los fuegos más profundos del Infierno. Eleazar concluye sabiamente que es mejor obedecer a Dios que a los hombres, que el temor al Señor debe ser mayor que el miedo a cualquier hombre, por poderoso que sea, y que no hay peor castigo que la condena eterna. Nuestra relación con otros meros mortales sólo puede afectar nuestro caminar por este mundo, pero nuestra relación con Dios puede afectar a nuestro destino eterno. Nunca es una buena idea negociar con nuestra fe o escandalizar, jamás.

Eleazar razona más, que su vida no trata simplemente de lo que es mejor para sí mismo aquí y ahora. El no vive solamente para sí mismo sino por el bien de los demás. Debemos sufrir algunas veces para que otros vivan, crezcan y sean edificados. Si rechazamos este sufrimiento, haremos daño no sólo a nuestro destino eterno sino también a los demás. 

Somos los cuidadores de nuestros hermanos, y tenemos la obligación de vivir de tal manera que otros puedan ser salvados y no obstaculizados de la salvación e ignorantes de la vedad que nos hace libres. Jesús, que es la Verdad, no se bajaría de la cruz para salvarse a si mismo. Se quedó en la cruz para salvarnos. Eleazar prefirió morir para no confundir a otros. Tu qué harias?

En la Iglesia hoy hay una forma de escandalizar que se ha convertido en demasiado común: El silencio ante el pecado y el error. Demasiados clérigos y padres, también, están callados en medio del colapso moral actual. Temiendo por su bienestar, deseando ascensos futuros, o simplemente queriendo evitar las molestias del conflicto, muchos renuncian a enseñar contra, o incluso hablar sobre, el error moral y el pecado.

Todos tendremos que responder por nuestro silencio hasta el grado en el que teníamos la obligación de hablar. Qui tacet consentire videtur (aquel que permanece callado da a entender que está de acuerdo). “Aquel que parpadea ante una falta causa problemas” (Proverbios 10,10). En una carta en el año 1933 al Papa Pío XI, Santa Teresa Benedicta de la Cruz escribió “Aquellos que permanecen en silencio son responsables”.

Como católicos, no podemos evitar nuestra responsabilidad ante la ciénaga moral actual. Demasiados de nosotros hemos permanecido callados, algunos incluso colaborando con el pecado y el error. La primordial responsabilidad radica en el clero, pero ninguno de nosotros está completamente exento de la tarea de repudiar el error y expresar la verdad.

Evitar el escándalo es tan importante que a menudo requiere de nosotros defender nuestra propia naturaleza. Mientras los ataques a nuestra dignidad pueden ser usualmente ignorados, ataques a nuestra naturaleza deben ser repudiados a menudo. Por ejemplo, si alguien dice “Monseñor Pope es un idiota testarudo y un bocazas” tengo poca necesidad de repudiarlo (de hecho, puede que sea mayormente la verdad). En cualquier caso, si alguien comienza a difamar mi naturaleza mintiendo y diciendo “Monseñor Pope consiente la pornografía, odia a los pobres y rechaza el Credo Nicenoconstantinopolitano”, yo tendría no sólo el derecho sino la obligación de corregir el alegato y defender mi naturaleza, tanto por mi propio bien como por el de los demás. Porque soy un párroco y un líder en distintos escenarios, por lo que si permito que se mantengan mentiras perjudiciales sobre mi naturaleza estaría confundiendo a muchos. De la misma manera, los padres deben repudiar las acusaciones falsas por el bien de sus hijos.

Toda esta reflexión nos lleva a un difícil, pero necesario grito desde el corazón a nuestros obispos y al propio Santo Padre. Es doloroso admitir que demasiados de nosotros los clérigos son fuente de escándalo por acción o por omisión. Los creyentes no sólo están desanimados, están confundidos y escandalizados. Muchos han sido llevados a pensar que pecados como el divorcio y volverse a casar, los actos homosexuales y la idolatría son compatibles con la Fe Católica. No lo son!. Todavía algunas de las cosas más desagradables han sido dichas y hechas por lideres eclesiales (supuesta o definitivamente) sin explicaciones claras, dejadas sin más sin refutación.

Particularmente es preocupante que el periodista ateo Eugenio Scalfari dice que el Santo Padre cree en el aniquilacionismo (que los condenados son simplemente aniquilados por Dios y que el Infierno está vacío), piensa que Cristo en la tierra no era divino, y niega la resurrección del Cuerpo de Jesús. Esas afirmaciones han sido contestadas por el Vaticano sólo en términos vagos. Nos dicen que Scalfari no siempre entiende todo de manera correcta, que no siempre graba todo fielmente o que no representa lo que el Santo Padre dice, y que algunas veces comprende mal.

Esto es demasiado flojo. Si alguien alguna vez tuviera que hacer alegaciones tan graves sobre mi fe, correría al micrófono más cercano y claramente anunciaría mis creencias sin ambigüedades en nuestra Fe Santa y Apostólica. Usaría cada plataforma que pudiera para rechazar esas afirmaciones por temor a que alguien sea confundido, descorazonado o guiado hacia la perdición. Sin embargo, Scalfari continua haciendo estas afirmaciones con impunidad, enfrentándose sólo a las reprimendas más leves y difusas.

El silencio ha sido ensordecedor. Los enemigos de la fe están envalentonados mientras los creyentes están descorazonados.

Es más, hemos sido tratados con impactantes espectáculos de aparente adoración a los ídolos en los jardines del Vaticano, y el homenaje a ídolos de la Pachamama en San Pedro, así como en una iglesia local cerca del Vaticano. Después de semanas de silencio y las propuestas de varias teorías y afirmaciones explicativas, el Papa expresó rechazo porque alguien (un alma valiente, en mi opinión) removió alguno de los ídolos, tirándolos al río Tiber. El Papa Francisco dijo que no hubo “intención idolátrica” en inclinarse delante de esas figuras o en honrarlas colocándolas en iglesias católicas, pero en la misma afirmación se refirió a ellos como “Pachamama”, el nombre de la diosa pagana. Otra vez, estamos perdidos y confundidos por esto.

Santo Padre, soy tu hijo espiritual, somos todos tus hijos. Lejos de acusarte de idolatría o de amparar la idolatría -algo para lo que no tengo ni posición ni competencia para hacer de todas maneras-  quiero ayudar a defenderte de lo que Scalfari y otros dicen sobre ti. Pero tu silencio acerca de estas acusaciones me descorazona a mí y a muchos de los creyentes con los que interactuó cada día. Mientras tanto, aquellos que mantienen estos errores son confirmados en ellos y se envalentonan para confundir a otros. Muchos de nosotros que nos hemos esforzado para permanecer fieles enmedio de este colapso moral y cultural estamos confundidos. Nos queda imaginar cómo nos podremos defender de estas cosas cuando tu mismo ayudas a amplificar la confusión con tu ambigüedad y silencio.

Eleazar estaba dispuesto a morir antes que escandalizar o confundir a los demás. Te pido que nos muestres la misma solicitud y diligencia. No te pido nada que no me exija a mi mismo o a cualquier otro miembro del clero, en concreto, que debemos enseñar las verdades de la fe con la máxima claridad y no poner en peligro ningún alma por nuestro silencio, nuestra ambigüedad o nuestro mal ejemplo.

Por favor, Santo Padre, te suplico que establezcas la verdad claramente refutando los errores que te atribuyen y afirmando la verdadera fe católica. Necesitamos que nos confirmes a todos, tus hermanos y tu rebaño, en la verdad. No permitas que la mentira y los errores proliferen. Aleja la idolatría de la Iglesia y guíanos hacia el arrepentimiento y la reparación por ella. No permitas que el lobo nos devore, aléjale por la Palabra de la Verdad.

Se que en ocasiones sientes que somos críticos, rigurosos y cabezotas, pero nos sentimos perdidos y estamos angustiados. Te prometo que te amo como a un padre espiritual. Rezo por ti cada día, y rezo especialmente para que seas la roca de la verdad que Dios te ha llamado a ser. Tu eres Petrus!

Necesitamos esto de tí ahora más que nunca. Que Dios te bendiga con su entender, y que nuestra Señora interceda por ti y por el bien de toda la Iglesia.

Si quieres saber más sobre el autor, quién es Monseñor Charles Pope, puedes consultar su página personal aquí: https://msgrpope.com/about-us/