Jóvenes voluntarios colaboran en trabajos de mantenimiento en la Hospedería del Valle de los Caídos

Para un grupo de jóvenes católicos madrileños este verano no ha sido “uno más”. Al contrario, lo recordarán como un tiempo de oración y trabajo, sanamente ocupado en mejorar uno de nuestros edificios históricos religiosos más destacados, la Hospedería del Valle de los Caídos. Hasta ese entorno de reconciliación y paz -no en vano están enterrados bajo la Cruz de la Basílica 55 mártires y otros tantos en proceso de canonización- se desplazaron durante una semana de julio siete chicos para emprender tareas de mantenimiento de sus instalaciones, al tiempo que participaban de algunos de los momentos de oración de los monjes benedictinos de la Abadía.

 

Si hiciéramos una encuesta en Instagram, quizá el plan de estar encerrado una semana en la hospedería de un monasterio benedictino y desmontar 85 camas antiguas (con sus colchones, cabeceros y somieres) para volver a reemplazarlas por otras tantas nuevas no gozaría de mucha popularidad… ¿O sí?

Afortunadamente, los jóvenes católicos españoles nos sorprenden todos los días, y el bien, a pesar de todo, brilla por encima de tantas pésimas noticias sobre consumo de drogas, alcohol y juergas veraniegas que sólo transmiten un panorama de desánimo sobre la juventud española.

Con la infalible herramienta del buen humor y sin ninguna cualificación o experiencia previa, estos siete chicos han aprendido algo acerca de montaje y desmontaje de muebles y mucho acerca de lo que implica el trabajo duro en la vida de fe mientras colaboraban desinteresadamente en mejorar la calidad de las instalaciones de la Hospedería del Valle de los Caídos.

Voluntariado Valle de los Caídos

Alex Navajas, director de la Hospedería, cree que esta experiencia ha sido bastante providencial: “una amiga me facilitó 85 camas en muy buen estado que un hotel de lujo en Madrid iba a tirar porque debía acometer una reforma integral. Pero, un buen día me encontré con cuatro camiones de mudanza llenos de somieres y colchones que nos venían genial para las habitaciones, pero sin presupuesto alguno para su desmontaje y montaje. Se me ocurrió que a lo mejor jóvenes de parroquias querrían venir a pasar un tiempo a la Hospedería y animarse con este duro trabajo”.

 

“El trabajo te limpia”

Los monjes benedictinos estuvieron de acuerdo con esta colaboración voluntaria; nada extraño, pues en Francia existe una larga tradición de acogida y voluntariado en los monasterios de la orden. Una monitora coordinaba a los jóvenes y hacía de enlace entre ellos y la Dirección de la Hospedería. “La verdad es que los chicos han tenido una actitud extraordinaria –recalca Navajas-. Han trabajado muy duro desde el principio y no han puesto ni una pega. Además, han tenido un ambiente muy alegre. De hecho, tres de las chicas pidieron a sus padres quedarse al finalizar el período de voluntariado, y otro chico lo ha alargado unas semanas más. Se encontraban muy a gusto aquí. Y han hecho un trabajo impresionante”.

El objetivo no era sólo mejorar unas instalaciones en las que no se invertía prácticamente nada desde hace 40 años, sino fomentar en los jóvenes valores como el trabajo y la disciplina, el que se sintieran útiles.

Voluntariado en la Hospedería del Valle de los Caídos“A menudo, el verano se les hace larguísimo –señala Álex Navajas, con larga experiencia como docente en colegios católicos-. Pasan horas y horas jugando a la videoconsola, se levantan tarde… Están de mal humor y desganados. Para mí, este voluntariado habrá sido un éxito en la medida en que haya supuesto para ellos un paso más en su vida de fe. Es decir, habrá sido positivo si el cargar y descargar colchones, unido a la oración diaria, les ha servido para centrarse y sentir que son capaces de cosas grandes. Y es que el trabajo, en muchos sentidos, te limpia, te hace sentir mejor”.

 

La oración, fuente de fuerza y Gracia

Alex ha aprovechado sus conocimientos sobre pastoral juvenil y su anterior experiencia como subdirector en un colegio católico de Madrid para charlar con aquellos chicos que lo han solicitado. “Si ellos me piden consejo me encanta orientarles -en la medida de mis posibilidades- acerca de los talentos que Dios les ha dado y cómo pueden ponerlos a trabajar. Este grupo ha sido fantástico y venía muy centrado, pero en otras ocasiones veo que los adolescentes están muy desorientados e inseguros, casi siempre a causa de una educación sobreprotectora, lo que les convierte en personas caprichosas, incapaces de tomar decisiones y con escasa fuerza de voluntad”.

Voluntariado en la Hospedería del Valle de los CaídosEl horario ordenado y la oración han sido dos aspectos fundamentales en esta experiencia de voluntariado. Los jóvenes se han unido a algunos momentos de oración de la vida monacal en la Abadía benedictina del Valle, como la Santa Misa o las Vísperas, y han hecho el Ofrecimiento de Obras o el Rosario como grupo. La oración es lo que ha dado fuerzas a los chicos.

 

Voluntariado “atípico”

No es nada extraño que los jóvenes católicos acudan los veranos o fines de semana a residencias de ancianos, centros de acogida de menores o lugares de ayuda para pobres con el fin de echar una mano… Pero, ¿sacar la llave inglesa y el carrito para transportar bultos con el fin de mejorar las instalaciones aledañas de la mayor Cruz del Mundo? ¿Es eso “útil”? ¿No es algo chocante, hasta escandaloso, dirían algunos?

“Es importante luchar por la Verdad –afirma Álex Navajas.- Y aquí, en el Valle de los Caídos, que es un símbolo, es especialmente espinoso el tema de la Verdad. La izquierda ideológica está centrada en subvertir el sistema. Y eso incluye todo: nuestros valores, la ordenación del Estado… hasta los héroes nacionales. Quieren reescribir la historia, y están empeñados con denuedo en ello. Destinan esfuerzos y recursos. Cuentan con sus propios historiadores, que dejan caer cifras o hechos absolutamente falsos que difunden rápida y eficazmente y que, en poco tiempo, se convierten en verdades reconocidas y admitidas sin discusión, incluso entre gente de fe”.

“Quieren implantar una cosmovisión socialista, en la que Dios no existe. Pero España es un país extraordinario con tradiciones maravillosas que quieren (necesitan) cambiar. El mayor impedimento es nuestro legado cristiano, tan rico. Por eso es tan importante seguir luchando por la Verdad desde los símbolos católicos”.

Navajas tiene esperanza: “Ahora bien, en medio de toda esta situación, siempre brilla la luz, asoma la belleza. Y aquí, en el Valle, se descubre especialmente. Al salir de la ciudad y estar unos días en medio de este bosque, en este entorno de tantísima belleza, uno se encuentra en armonía con el Creador. Es curioso, pero cuando alguna persona atea ha estado en la Hospedería y contempla la Cruz, me ha comentado que en este lugar existe mucha energía, como ellos la denominan. Yo les explico que se trata de la Unción, y que este sitio es especialmente ungido, pues en él descansan los cuerpos de cientos de mártires, cincuenta y cinco de ellos reconocidos por la Iglesia Católica y otros tantos en proceso. Además, está la presencia de los monjes, que oran incesantemente. Todo esa Unción se traslada a los visitantes, estoy seguro”.

 

Futuros planes de voluntariado

En la Hospedería del Valle de los Caídos se confía mucho en los cuidados del Cielo. “Nada de esto ha sido muy planificado. Todo ha venido de la mano de la Providencia… y sigue viniendo. En los últimos meses, varios voluntarios están colaborando –sin que nosotros lo hayamos solicitado- en arreglarnos todas las plantas de la galería, por ejemplo, o en ordenar almacenes que acumulaban trastos, en hacer de guía para los visitantes, en reparar pequeños desperfectos…”.

Voluntariado en la Hospedería del Valle de los Caídos

Pero la Hospedería es un edificio grandísimo, y en él siempre hay cosas que hacer. “Aquí no falta nunca el trabajo –comenta, sonriendo, Álex Navajas-. Nos gustaría ir poco a poco pintando una valla exterior que tendrá casi un kilómetro de longitud, o mejorar las ventanas, nutrir la madera que reviste las paredes de los comedores, recibir material que nos donan algunos hoteles, clasificarlo y darle uso… ¡Nunca acabamos!”