El día 18 de abril de este año se desataron en Nicaragua una serie de algaradas y manifestaciones en protesta por la reforma del Sistema de Seguro Social Nacional realizada por el gobierno sandinista

Instancias internacionales advirtieron al poder nicaragüense de la insostenibilidad del sistema, y éste, a regañadientes y de forma unilateral y chapucera, promulgó una serie de reformas que soliviantaron a empresarios y trabajadores, produciéndose manifestaciones y algaradas que devinieron en una protesta general contra el régimen, que mantiene una deriva marxista totalitaria (valga la redundancia).

Desde entonces se han producido en Nicaragua entre 200 y 500 asesinatos provocados en su mayor parte por la respuesta represiva y violenta del gobierno de Daniel Ortega y sus seguidores, encuadrados en el movimiento sandinista.

 

Nicaragua, Iglesia

 

Este movimiento ya nació con vocación de partido único, con la única meta de fagocitar al Estado y convertirse en él (que en realidad es el objetivo claro, aunque a veces disimulado, de todos los movimientos y partidos de corte socialista).

Pero el motivo de estas protestas es meramente anecdótico. En realidad, la sociedad nicaragüense sale a la calle como reacción a la progresiva y poco disimulada chavización del gobierno de su país, cuyo presidente, Daniel Ortega, ha retorcido y parasitado todas las instituciones del estado.

Su finalidad es, en definitiva, perpetuarse en el poder e instaurar un régimen comunistoide, a imagen y semejanza de Cuba o Venezuela, únicos países (junto con la dictadura marxista-indigenista de Bolivia) que siguen apoyando al régimen nicaragüense.

Como un calco de lo hecho por otros regímenes de este pelo, Daniel Ortega primero anuló los artículos constitucionales que evitaban su perpetuación en el poder, y comenzó, después de su primera victoria electoral (con sólo el 38% de los votos), a «devolver el poder al pueblo», creando los Consejos de Poder Ciudadano (¿les suena?). Estos están sustituyendo paulatinamente a las instituciones tradicionales como ayuntamientos, organizaciones laborales y sociales, etc.

Los cuatro poderes independientes que contempla la constitución nicaragüense (electoral, legislativo, judicial y ejecutivo) han quedado subordinados al último, y éste, a su vez, al servicio del Partido-Estado FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional), que controla, por medio de sus Consejos, a toda la sociedad.

Nicaragua, IglesiaDaniel Ortega también eliminó la limitación de mandatos que preveía por partida doble la legislación de su país, y que impedía ser candidato a presidente a personas que ya lo hubieran sido (además de prohibir enlazar dos presidencias seguidas a una misma persona). Actualmente, con una Policía y un Ejército totalmente sumisos al dictador Ortega, y con unas fuerzas paramilitares bien armadas y con derecho sobre la vida y hacienda de todos los ciudadanos, las cosas no pintan bien para la nación hispanoamericana.

La Iglesia, los organismos internacionales y gran parte de la sociedad, incluso antiguos aliados y ex miembros del movimiento sandinista, demandan un adelanto electoral (los comicios deberían ser en 2021), pero no parece que Ortega vaya a ceder en el pulso.

Nicaragua IglesiaY es que está viendo que la jugada de resistir a toda costa siempre sale bien a los totalitarios hispanoamericanos de este corte. Que se lo pregunten a los Castro, o a Maduro… No hay más que ver la última entrevista al presidente, en la que califica de «policías voluntarios» a los paramilitares, minimiza el número de víctimas de la represión y descarta el adelanto de las elecciones.

Llaman la atención los resultados obtenidos por Ortega en las últimas elecciones: 37% en 2007, 62% en 2012 y 72% en 2017. Tengo la duda de si en las elecciones de 2021 (si el diablo no se lo lleva antes) el dictador obtendrá el 92% o pasará directamente al 100% de los votos…

Las fuerzas sandinistas, siguiendo las viejas pero efectivas tácticas leninistas, han ocupado todos los estamentos judiciales, sociales y administrativos, haciendo muy complicado revertir la situación. Pero a pesar de ello aún existe una esperanza: las organizaciones estudiantiles, que han logrado expulsar a los agentes sandinistas que trataban de controlar el movimiento, y parte del empresariado y los campesinos, aún en su mayoría con ideales tradicionales y conservadores, han logrado no ser totalmente controlados por el régimen.

También la Iglesia católica nicaragüense, que ha sido puesta a prueba en numerosos ataques violentos a templos y a miembros del clero, ha tomado partido por la libertad de manera valiente.

Sin embargo, en este punto se echa de menos un claro respaldo del Vaticano, más allá de una mera y equidistante «condena de la violencia» (¡como si la violencia no tuviera un causante conocido!), gesto al que nos tiene acostumbrados la política exterior vaticana desde hace años.

Lamentablemente, de quien definitivamente no podemos esperar nada, como de costumbre, es del aparato globalista de la ONU y demás organizaciones parásitas, más allá de sus habituales comunicados cínicos y melifluos. Están más preocupados en lo que de verdad (les) importa: el control de la natalidad mediante la extensión del aborto y los anticonceptivos, la imposición de la ideología de género y la infantilización de la sociedad para su mejor control.

Nicaragua, católicosÚnicamente algunos gobiernos han tomado medidas concretas, como Países Bajos, que ha suspendido sus actividades de cooperación, o Estados Unidos, que ha incluido en la Lista Magnitsky a varios mandatarios de la dictadura de Ortega.

Lejos quedan aquellos escritos de Pablo Antonio Cuadra Cardenal, que ya a mediados del siglo pasado, en su obra «Entre la Cruz y la Espada», analizando con ojos preclaros el viejo comunismo aderezado con indigenismo supuestamente antiimperialista, advertía:

«El indigenismo revolucionario de las izquierdas es una mezcla híbrida de Marx y de Las Casas.»

«El comunismo es el reemplazo satánico de la Comunión. Así como Cocteau llamaba al licor y al opio <<los sacramentos del demonio>>, así podemos nosotros considerar al comunismo como lo contrario del misterio del Cuerpo Místico».

«El sueño marxista de una convivencia sin misterio, de un cuerpo sin alma, de una hermandad sin Padre. Toda la inmensa caridad del misterio católico es aplastada por Satanás contra la tierra como un insecto. Y en vez de la Iglesia resulta el enjambre. La comunidad trabajadora bajo la oscura ley implacable del instinto. La crueldad infrahumana de rebajar el destino del hombre a la altura elemental del hambre y la sed. La unión comunista produciría en América un hijo anterior a los Incas y los Aztecas. Recogeríamos el fruto en la boca de las cavernas. O Comunión o comunismo.«

Encomendemos a los ciudadanos hermanos hispanos de Nicaragua para que se mantengan firmes y logren derrotar a las fuerzas del mal para que triunfe la libertad y se mantenga la civilización cristiana y occidental en su patria, para ejemplo y bien de todos.

 

José Pérez