San Mateo, en el capítulo 16 de su Evangelio, nos cuenta que Jesús le dijo a Pedro:

versículo 18: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.

versículo 19:  Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo

Con el descubrimiento de la Tumba de San Pedro, debajo del altar de la basílica de San Pedro del Vaticano, la colina donde se enterraba a los mártires del Circo Romano, y que desmontó el emperador Constantino para construirla en su honor, se confirma que la Iglesia Católica es la única que participa de la sucesión apostólica, y por tanto, que es una, Santa, católica y apostólica iglesia, como recitamos en el Credo.

El sacerdote jesuita y muy querido P. Loring explicaba que la arqueología confirma nuestra Fe en este video: Enlace.

Lutero, Calvino, Enrique VIII de Inglaterra, Knox, Wesley, Finney, Seymour, Zinzendorf…. La división, ruptura, desorden, el caos, y en última instancia la condenación que han generado todos estos personajes es inaudita.

Queda, por tanto, bastante claro, que los demás “grupos religiosos” son fundados por hombres, y convendría dudar si se les puede llamar también cristianos, porque, si bien dicen seguir a Cristo, el hecho de no querer formar parte de la Iglesia que Cristo mismo fundó sobre Pedro, junto con el hecho de no reconocer al sucesor de Pedro como autoridad, aparentemente les excluye de serlo. Es cierto que el bautismo, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es una forma de entrada en la Iglesia, que quedaría incompleta si no aspiran a la plena comunión.

Conviene saber que el ecumenismo es una iniciativa protestante. La Iglesia, teniendo en cuenta que puede ser debido a una moción del Espíritu Santo que infunde en los protestantes el deseo de conocer la Verdad y les atrae a Cristo, les acoge con Caridad y procura su integración. En el Concilio Vaticano II se publicó al respecto del ecumenismo el decreto Unitatis Redintegratio que deberíamos leer todos los católicos.

Pero sin duda lo que debemos hacer es vivir en plenitud la Revelación del Amor de Dios en Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado para salvar a la humanidad: Convertir nuestro corazón en un instrumento dócil y obediente que, como el Sagrado Corazón de Jesús, siendo manso y humilde, mire, hable, escuche, se entregue, trate y enseñe a los demás cómo Él hizo en su paso por esta tierra.

Y con la humildad, sencillez y entrega de la Virgen María, que meditaba la Palabra de Dios en su corazón, podremos acoger a los que quieren seguir a su Hijo sin acoger a su Madre, como hermanos.

Así, su luz brillará en nosotros y atraerá a todos hacía Él.

José María Piñar Pinedo