En nombre de Dios, y los Santos Evangelios,

“Juro lealtad al Jefe del Estado y a los Principios del Movimiento Nacional y a las Leyes Fundamentales del Reino”.

Juan Carlos de Borbón, 22 de Julio de 1.969

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No se trata de juzgar a la persona, sino los hechos que aportan evidencias de su inmoralidad. Aunque esta cultura postmoderna, asfixiante y totalitaria, que busca alejarnos de Dios y se empeña en eliminar la moral, sabemos todavía que los actos personales pueden ser buenos o malos, y conviene saber distinguirlos para aprender de nuestros errores.

Aunque pudo existir anteriormente, fue sobre todo con la aparición de los validos, cargo en el que tan lucrativamente se estrenaron el Duque de Lerma y el Conde Duque de Olivares, cuando los reyes españoles comenzaron a separar su vida en dos, dando lugar a una creciente disparidad entre su comportamiento en la función pública y el de sus actos privados. Hoy lo catalogaríamos, con mucha razón, como falta de integridad.

Las ideas protestantes actuaron de catalizador.

La nobleza siguió el mismo camino de perdición moral, buscando el interés personal y las vanidades del mundo, que alcanzó su cenit con la obtención de títulos (muchos de los vigentes en España actualmente) por frecuentar la alcoba de Isabel II.

Muchos monarcas han tenido líos de faldas y escándalos de corrupción, pero también es cierto que hemos tenido reyes que, teniendo de los unos y/o de los otros, o incluso de ambos, han realizado un excepcional servicio al Bien Común de los españoles.

Desde Felipe II, a quien me atrevo a llamar nuestro último gran rey, hemos padecido algunas conductas reales escandalosas, siempre con excepciones, pero especialmente con los borbones, y dentro de estos, ninguno como Juan Carlos. Su abandono de España nos brinda una oportuna ocasión para analizar sus acciones y sacar conclusiones con las que aprender de la historia.

Más aún, cuando algunos -incluso la Conferencia Episcopal- en su elegía le colocan laureles como responsable de la unidad de la patria o artífice del régimen del 78 que tanta corrupción moral supura.

Lo que comenzó con perjurio, utilizando el nombre de Dios en vano y profanando los Santos Evangelios, no podía acabar de otra manera: La deshonra de tener que abandonar tu país para mendigar las migajas de caciques y moros, persistiendo -voluntaria o inconscientemente, al servicio de los enemigos de España- para continuar dañándola.

Estos vieron la ocasión, en la sucesión de Franco (qué gran error en su haber, dejar a Juan Carlos como sucesor en la Jefatura del Estado, y cómo se lo pagó enterrándole contra su voluntad de reposar en El Pardo, que finalmente se ha cumplido), como la más idónea para arruinarla moral y económicamente durante su reinado -hasta que han encontrado mejores instrumentos en pablito y pedrito- para destrozar nuestro país. La pregunta brota inmediatamente ¿Hasta qué punto las acciones inmorales de un rey pueden influir en el deterioro moral del pueblo?

Mi abuelo Blas, al que Dios tenga en su gloria, siempre que tuvo la ocasión de recordarle su juramento, se lo expuso, y aunque la respuesta de Juan Carlos parecía asumir lo que afirmaban sus palabras, la integridad brillaba por su ausencia. Video. Engaño a Franco, y también a mi abuelo, personas buenas que confiaban en los demás.

Los españoles, agradecidos por la cura de humildad que ha supuesto padecer históricamente la vergüenza provocada por tantos escándalos, tenemos que presenciar ahora sus extraños movimientos para evitar las consecuencias -legales no habrá porque le protege el artículo 56.3 de la constitución, bien lo saben sus seguidores que ladinamente lo argumentan en su defensa- de sus delitos.

Gracias a Dios, el tiempo pone a todos en su sitio. Es una lección que ha costado sudor y lágrimas, dolor y sufrimiento, pero si la hacemos nuestra, no habrá sido en balde y habrá merecido la pena: Eliminar a Dios de la vida pública y la privada, acaba así.

Otros intentan promulgar su supuesto trabajo y amor a España, ignorando con desconcertante ceguera la inexistencia de acciones por el Bien Común de la Patria que le acogió, su colaboración con los que han trabajado para destruir nuestra unidad (como Jorge Pujol), y la lista interminable de afrentas que ha cometido para ensuciarla.

Los que narran la mentira oficiosa de la transición, dicen que ha trabajado por la democracia, algo que ya estaba prácticamente en marcha y ha sido convertido en totalitarismo, mas bien veló por conseguir contratos para sus “amigos”. Pues también son sus amistades -la red de intereses creados que ahora le abandona- fuente de escándalo; por las relaciones entre cacerías, fortunas del Ibex (mal llamados empresarios del pelotazo y sus correrías) que dejan secuelas a lo largo del camino.

Jesús Cacho y otros periodistas de investigación han publicado algunos de los nombres; Prado y Colón de Carvajal, de la Rosa, Villalonga, Fuster, Ruiz Mateos, Mario Conde, Albertos… Pero hay muchos más, parecen pocas las personas que han conocido de cerca a Juan Carlos y no hayan participado en sus diversas aventuras.

También le califican los aduladores como un «buen embajador de España»…. Yo prefiero que nos representen tantos españoles como Rafael Nadal, Fernando Alonso, o mejor aún, los millares de jóvenes que han tenido que labrarse un futuro fuera de España y los científicos que han tenido que abandonar nuestro país por falta de medios, y están dejándose la piel para conseguir cumplir sus sueños.

Dolor especial me ha causado la Conferencia Episcopal, que tanto daño hace a España con su mundanal consenso democrático:

La jerarquía no menciona a Dios en su nota, olvida la Doctrina Social que promulga, vacía de contenido la defensa de la verdad, la moral y la paz que cita, y menciona la concordia cuando los españoles están mucho más divididos -con la sociedad cada vez más polarizada- que antes del ascenso al trono de Juan Carlos, acusando el mismo pecado: Las palabras de su nota no está ancladas en Cristo, Palabra Viva.

El hecho evidente e incontestable es que el reinado de Juan Carlos ha supuesto la decadencia para España:

Estamos mucho peor que hace 50 años, en todos los aspectos. La sociedad dividida y enfrentada, el divorcio, el aborto, los suicidios (interesantísimo artículo de Noelia Lavara), la violencia, la radicalización de las ideologías, la deuda pública, la economía… No nos engañemos: La podredumbre es tan hedionda que conviene esperar a que se descomponga todo y se seque, para poder limpiar a fondo y reconstruir.

Dicen que el hijo es más decente que su padre. Para mí, la tónica continua, y las decisiones que va tomando dicen mucho sobre el: Retirar la cruz de Cristo del escudo de España, es un paso más hacia la perdición, en la misma línea tan perversa como ignorante de los que eliminaron el águila que representa al evangelista San Juan, felizmente escogida por Isabel la Católica para cerrar la unidad de España en el Evangelio del Amor, retomando la unidad de la Fe que dio lugar a España en el año 589.

Es mejor regenerar las cosas que gestionar la decadencia.

Elio Gallego ha publicado un excelente libro, en este momento tan oportuno, enumerando las posibles acciones de un Rey Patriota para cambiar el rumbo de España, te presentamos aquí el resumen que hemos hecho y en breve publicaremos un video en el que entrevistamos al autor. Tienes que leerlo, pero si quieres leer un resumen, aquí lo tienes, lo hemos preparado para ti.

España ha sido una monarquía desde su origen, y debe seguir siéndolo. Más que un referéndum para decidir si queremos o no esta forma de gobierno, deberíamos elegir a un nuevo Rey.

Al menos, deberíamos escuchar a los que nos avisaron de estar equivocados. En su libro “Hacia la tercera República”, mi abuelo predijo cómo iba a acabar esto. Como el, muchos otros han avisado de los errores y agujeros de este sistema moribundo que nos quieren vender como maravilloso.

Pongámonos a trabajar, por Dios y por España, para levantarnos de nuevo.

San Fernando es el mejor Rey que ha existido en la historia de la humanidad, y la figura más ejemplar y representativa de la Monarquía española, que pudo reunir a todos los españoles gracias a la Fe Católica. Un modelo de ejemplaridad, humildad, auto exigencia, en definitiva, de Santidad.

A el nos encomendamos.

 

José María Piñar Pinedo, 14 de Agosto de 2020, festividad de San Maximiliano Kolbe.