El Padre Cantera ha defendido desde el principio (y hasta el final, con todos los medios legales a su alcance) la inviolabilidad del terreno sagrado de la Basílica del Valle de los Caídos.

Ya en el siglo V se legislaba en España el derecho de los delincuentes a entrar en un templo y “acogerse a Sagrado”, de manera que el poder civil perdía su jurisdicción a cambio de una multa y la penitencia pública dispuesta por la Iglesia, en función de lo que el Obispo considerara y prescribiese. Importante labor era la del Obispo, acogiendo a los que habían cometido delitos y encauzándoles por el buen camino.

Uno de los grandes santos españoles, Isidoro de Sevilla, justificó la costumbre extendida en diferentes culturas y geografías. El fuero juzgo de nuestro mejor Rey, San Fernando, lo incluía, y legislaba al respecto, siguiendo la tradición de los monarcas que le precedieron.

La inspiración religiosa de las leyes que introducían la misericordia de Dios y ponían coto a los abusos del Estado comenzó a limitarse con la llegada de los borbones (un castigo para España que dura ya siglos y un error de Franco haberles restablecido), eliminándose en la lamentable carta magna que sufrimos desde 1978, cuyos frutos maduran en este 2019:

  • La desigualdad que introdujo definiendo españoles de primera y de segunda, dando lugar con el tiempo a lo que hoy sucede en Cataluña.
  • Las barbaridades que permite llevar a cabo a los políticos por su indefinición, desde la educación diferente en cada región de España, hasta el asesinato de los no nacidos, pasando por la eutanasia que quieren aprobar ahora.
  • La incoherente e inexistente separación de poderes que subyuga a los jueces a la voluntad caprichosa e ignorante de los políticos para justificar sus tropelías.

Por citar tres de las aberraciones que han surgido de la última Constitución.

Curiosamente, cuando se dio la ocasión en la que algunos terroristas -de la banda que surgió en las juventudes del partido nacionalista de vascongadas- se veían en un callejón sin salida ante el imperio de la ley y se refugiaban en iglesias parroquiales, la autoridad respetó dicho asilo y no violentó los templos para detenerles.

Entierro víctima de ETA

Es más, los católicos españoles hemos sufrido la vergüenza de ver juicios y condenas a sacerdotes por colaboración con dicha banda criminal, hemos tenido que escuchar a algunos pastores expresar una equidistancia repugnante con las víctimas de sus atentados, y hemos oído hablar a miembros de la Iglesia de víctimas “de los dos bandos”.

Algunos eclesiásticos dejaban de lado la misericordia y optaron por la política.

Pero lo que pasa de castaño a oscuro, de humillación a insulto, de vergüenza a escándalo, es comprobar que los delincuentes de la dictadura que tenemos en España, en connivencia con los jueces a los que tiene sometidos, violentan una basílica para profanar una sepultura sin que los pastores opongan resistencia, y para más INRI, su portavoz afirme que “El Estado está en su derecho…”.

Ya no se trata de un delincuente que entra en un templo para acogerse a la misericordia de Dios y la benévola acogida del Obispo; es que unos delincuentes violan la casa de Dios para profanar una tumba y los Obispos se convierten en avestruces. Qué diferentes situaciones, y qué distintas reacciones episcopales.

Son tiempos difíciles los que nos toca vivir en España a los católicos, pero es en los momentos difíciles cuando nos abandonamos en las manos de Dios, y con Fe, Esperanza y Caridad seguimos el ejemplo de Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que vive y reina (aunque no quieran los políticos) por los siglos de los siglos. Amén.

 

José María Piñar Pinedo