«Valiente soldado, perseguido y encarcelado, el más grande escritor de todos los tiempos… Cervantes encarna la nobleza del español, que humildemente trabaja por cumplir su Deber»

En el año de gracia de 2016, un año después de que, en el convento de las Trinitarias de Madrid fueran hallados los restos de don Miguel de Cervantes, con motivo del IV Centenario de su muerte, se celebró el “Año de Cervantes”. Porque fue el 23 de Abril de 1616 cuando el inmortal autor de “Don Quijote de la Mancha” traspasó para siempre los umbrales de la eternidad.

CervantesFue Don Miguel un hombre fuera de lo común a quien el mayor de los elogios le queda corto, puesto que el argumento de su obra inmortal no es tanto las aventuras de un viejo chiflado, sino más bien un tratado de sensatez en el cual es precisamente Don Quijote el más cuerdo de todos los personajes.

 


«El argumento de Don Quijote no es tanto las aventuras de un viejo chiflado, sino más bien un tratado de sensatez»


Quizás sea esa la explicación por la cual, después de la Biblia, el libro más editado en todos los idiomas que se hablan en el mundo sea precisamente “El Quijote”, todo un tratado de cordura en el cual el buen juicio asoma en cada párrafo, puesto que quien lo lee siente que recibe el consejo más adecuado para resolver el problema más intrincado.

“El Quijote”, según nos dice el autor en el prólogo de su obra, “se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación”.

Cervantes, don quijote


«Esa es una de las características más dramáticas en la vida de Cervantes: su lucha constante contra una injusticia que él no puede evitar pero que denuncia en todo momento»


Cervantes fue un valiente soldado que luchó en Lepanto (1571) donde recibió una herida que lo dejó manco de su mano izquierda. Lepanto fue “la ocasión más alta que vieron los siglos”, en frase del propio Cervantes, y no le faltaba razón, puesto que –a partir de aquella victoria de la flota cristiana- Europa se libró de la amenaza turca.

A diferencia de otros autores contemporáneos cuya obra se vio coronada por el aplauso del momento, Cervantes pasó por mil vicisitudes, tanto así que llegó a enviar un escrito al Consejo de Indias suplicando que le dieran un empleo de contar en Nueva Granada, de corregidor en La Paz o la gobernación del Soconusco. Estas peticiones, providencialmente, fueron denegadas; y decimos “providencialmente” porque si Cervantes se hubiera ido a Colombia, a Bolivia o a Chiapas jamás hubiera escrito “El Quijote”.

Cervantes en la cárcel

Sus incontables penurias a lo largo de su vida le valieron este comentario de cierto caballero:


«Su necesidad le ha de obligar a escribir, plega a Dios que nunca tenga abundancia para que con sus obras, siendo él pobre, haga rico a todo el mundo»


Y así fue. Cervantes enriqueció al mundo no solamente narrando las aventuras del Caballero de la Triste Figura, sino deleitando a sus lectores por medio de las Novelas Ejemplares.

Con el objeto de que mejor apreciemos la calidad moral de un autor que escribía no solamente para divertir sino también para moralizar, en el prólogo de sus “Novelas Ejemplares” afirma que:


«Antes de dar un mal ejemplo, preferiría que le cortasen la mano que con fueron escritas»


Es decir, su intención no era solamente entretener de una manera frívola ni mucho menos inducir al mal a sus lectores; más bien procuraba que quienes se acercaran a sus obras sacaran siempre una enseñanza.

Como al principio dijimos, la tumba de Cervantes se encuentra en el convento de las Trinitarias de Madrid (Calle Lope de Vega, 18) y para dar con sus restos un equipo de expertos tardó más de un año. Pero a nuestro juicio, lo que menos importa son los restos de Cervantes –polvo y huesos, a fin de cuentas-. Lo que en realidad tiene valor es otra parte de su ser que está al alcance de cualquiera. Nos referimos a sus obras, las cuales se venden en todo el mundo y en todos los idiomas.

Qué duda cabe que el mejor modo de rendir un merecido homenaje a Cervantes una vez transcurrido su año, más que visitar su tumba (lo cual puede resultar imposible para muchos) es leer sus obras y asimilar sus enseñanzas. Y eso cualquiera lo puede hacer…

Nemesio Rodríguez Lois

 

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